Al exterior de la galaxia

                28

                                        Desembocadura del Gallo en el Tajo

Donde los ríos se besan
entrándose en el cuerpo. Donde
fragmentan los labios y consuman el pacto,
donde se cruzan y se miran y se atan como amantes,
como acariciarse con la lengua y enlazarse
la distancia, como . . .
                            Usando la pértiga húmeda
en el regazo cristalino, la cara del cielo lobulada
ensambla la historia copulando, donde
los ojos del encuentro depositan su calma agotadora,
como agonizándose el deseo
cuando se abre la cama de la tierra o fajar
las lindes en anillo como espiral o tubo
de venas impregnadas en el calor del cuerpo.

Donde la roca muestra su boca impenetrable
como nido o misterio, o garganta oculta
y el río resbala su saliva fundiendo entre la piedra
su sueño de humo evaporado, entre brazos
y dedos y manos móviles lamiendo
los rincones y caderas que los pliegues escarlata
asoman en el silencio bordeado
de matojos quietos y rapaces.
 
Donde la vida nace
y los versos huelen a manzanas, o espejos verdes
o alfombras esmeralda . . .
 


                                                                                        Arriba

 

                  21

                                        Monasterio  

        Recuerdo el monasterio cisterciense
el pasado sábado, el claustro húmedo,
la calavera arriba en lo alto de un rincón
esculpida sobre piedra, los canalones goteando,
el aire frío y el retumbar de nuestros pasos
en el mosaico dibujado del suelo.
                                                 Recuerdo
el claroscuro de las estancias, el juego de las sombras
entrando y saliendo de las balaustradas y las paredes
lisas, altas,
juntándose los nervios en la bóveda. Reverberaba en
el cristal de alabastro
el trémulo lenguaje de los cirios, mientras, al fondo, en el
coro, el encaje cincelado de caoba
brotaba de la quietud del rezo.

Recuerdo el vaho de tu cuerpo apenas recorriendo la nave
central, el parlatorio,
la sacristía, con el aura imantándome el aliento ...
                                                                        En
cada recodo, cada doblez de las columnas de caliza o
cada interludio marcado por las puertas,
mi espíritu en el dintel de las ojivas, en
cada baldosa o cada tumba, retorcíase por dentro,
agonizaba las sílabas impaciente y en
la media luz de los rincones, licuábase y sangraba
por ti, en ti, en la eléctrica distancia que las manos
separadas
aportaba a la magia plena del recinto.  Y cuando
salpicando, las gotas de las nubes mojaron mi mejilla,
soñé un beso, un roce de tus labios posado sin permiso
como robándome el sentido, y en medio del éxtasis
del deseo de ti, muy cerca de la fiebre,
respiré tu imagen líquida y el sudor de tu cuerpo.
 


                                                                                         Arriba

 

                14

                                        Al alba

 Te sentiré cerca esta noche, a tiro de piedra,
donde los lagares del crepúsculo
derraman saliva fuera de la urbe.
                                                Después, al alba,
cuando el velo negro de la atmósfera
retire su presencia lentamente,
comulgaré la mañana
entrando tu espíritu en mi cuerpo
como hostia consagrada en la corola impregnada de
rocío, y
entreabriendo la boca dulcemente
en la pendiente de la antera que tu estambre
resbala su polen suavemente, lameré
el despertar de los segundos
mojados por mis labios encendidos.
 


                                                                                        Arriba

 

                20

                                   Crujido

Parece como si se me alargase la sombra
transparente tu sombra en la distancia y
hundiendo embriagado mi pseudópodo, enlazándose
contigo
en alga la mano convirtiese.
                                        El temblor imperceptible
apenas
la espalda, tus pasos, crujido en las baldosas
sendero es para tu lengua.  Tú, adentrado en la penumbra
y en el laberinto de los claustros
susurrando el lenguaje de mis gestos, extraviado el pie, a ti
regresa, siempre. Siempre a ti regresa
siempre, acequia en el borde que recorre
malva en el trasluz de las plegarias, desnuda,
leve, en el crecer de la hierba.
 


                                                                                        Arriba

 

                23

                                        Amor de mar
                                        Amor de mar. Cantábrico.

No sé quién tiene más fuerza
si tú o yo
cuando me abrazas.
                            Siento
la orla de tu lazo ciñéndome la frente
y mi entraña abierta para ti, sábana silente
que tu alcoba licua en torno a mí,
como roca yo, como espuma tú
lengua que tu cuerpo deshilacha
rebosando derramada tu presencia, yo
tu enredo
mate azalea de pasión petrificada,
a tus pies derrito mi líquida muerte
esperando nacerme en tu oblicua superficie y
cuando en tu vaso de quebrada transparencia
violento el crepúsculo termine,
tu abrazo con el cuerpo
en cobalto avive los perfiles
y al acabar tu boca de sorberme
dormida en ti, el protoplasma de mi amor
se cristalice.
 


 
                                                                                        Arriba

                25

                                        Tiempo de orogenia

        Cuando los arroyos y la gracia y la sal
de tu espíritu recorre
la orografía ondulada que te forma y
la horizontal del valle en el que naces
amamanta con su verde ortografía
las raíces poderosas de tus ingles, siento
remansarse en mi regazo
la húmeda savia del deseo y
abriendo mi túnel excavado
para ti, cueva innominable y misterio, dejo
tus cantos rodados y tu frente
erosionada copulando
como mantis religiosa en el crepúsculo
sobre la espalda de la hierba agonizando.
 


                                                                                        Arriba

                9

                                        Extraviada

 Extraviada en el espacio blanco de tu sábana
la ermita de mi huerto reclina los tejados
perdiéndose los muros
en las raíces rizadas de tus ingles, cerrando
la anémona ensortijada de la cúpula
su techo la entrada de la cueva
estremécese y tiembla
el rostro que a los chopos acompaña.

El estertor penúltimo de la boca tocando apenas
los jardines, nace
con la savia que el magma interno resucita
y arrancando y sembrando
gemidos los corales, la infancia desvanece
sus velos sobre el bosque.
 

 
                                                                                        Arriba




miS blogs

premios recibidos

venta de mis libros

Libreria MARGEN
(venta por internet)
)
 

Al exterior de la galaxia
 

  • Al exterior de la galaxia


    POEmAS SELECCIONADoS

Desembocadura
Monasterio
Al alba
Crujido
Amor de mar
Mantis religiosa
Extraviada

 

OTROS LIBROS