Eterno yacimiento 
                

                               Lástima

 Más pequeña que las piedras del camino
los cantos rodados y la arena,
más pequeña voy
difuminándose el alma y
dibujando el contorno de la noche,
lástima de encajes de tiempo
almacenados, lástima
que tú y que yo seamos
espejismos y el cobre abandonado
del rosario de caricias lleve
la cuenta atrás en un giro
de incógnitas servidas en bandejas escarlata.
 
Lástima de pilas de segundo amontonadas
rompiéndose el deseo entre las manos
y los pétalos deshechos sean
de la rosa ofrecida en primavera
un roce de tiniebla en la cripta subterránea
donde los huesos sin manto y sin descanso
esperan
que el aliento de clepsidra
desmenuce
los osarios, lástima de tí y de mí
disminuyendo
las lascas de piedra del camino.
 


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                                    Ira

 La ira contra el tiempo
que recoge los momentos en estuches amarrados
colgándoles
de argollas de nivel inaccesible,
suena persistente, recorriendo,
con sus tacones prietos,
el pasillo embaldosado de mi cueva solitaria.
 
            Sin saber,
el viento, repiquetea los cristales
llevándose en su vientre
las gotas transparentes que, de mi voz,
cayeron
en un labio adjetivo de tí, y sin saber,
la quietud espesa llena de lomos oprimidos
las cajas de polvo que olvidaron
la estructura de su nombre.
 
            Entrelazándose,
el miedo y el silencio, muerden,
con sus bocas escarlata,
las yugulares tensas por la rabia contenida.
Mientras, en los rincones que las caderas de piedra dibujan, ocultándose,
las arañas vengadoras recubren, con su tela cenicienta,
harapos rotos de paciencia,
eclipsándose luego, salvajes,
en espera de su presa.
 
            ¡Te maldigo a tí, a tí,
araña del tiempo,
y pienso destruirte a nada que dejes libre
uno solo de los tendones de mis dedos!
¡Te maldigo, una y mil veces,
te maldigo, te maldigo
como se maldice a los demonios,
con los dientes apretados
y las uñas clavadas en la carne!
 


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                                        PIRÁMIDE

          Puede olerse la quietud
sobre la piel del desierto.
 
                    Una fractura en su cintura
descubre el cónico sello
que el áspid venenoso
puntual a la cita de los siglos
dejó abierto el oficio a los saqueadores.
 
Suave la arena,
parcialmente oculto el dintel,
idealiza la tumba.
 
         Cada noche en un ritual
se me descienden los peldaños y el alma,
en un intento de soñar los jeroglíficos,
vagando entre sarcófagos,
roza la momia de mi cuerpo.
 
                       Un guiño del tiempo
alucina la mente y
la fiebre se introduce en el deseo
cuando al son de la cítara, la llama,
bailaba los atardeceres.
 
Toda la cripta
destila un áloe enmohecido
que verdea los perfiles. Y las ánforas,
en el silencio de los muertos
vigilan los secretos que
entre anillo y anillo, sepultó la despedida.
 


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                                      Pergamino

En la imagen de la torre del castillo destruida
está la postal que me dejaste
sobre el hilo de la historia que me guía y
cuando en la noche mis ojos se levantan y el
giro del futuro me acomete
la respiración de los cálices purpúreos
derrama su veneno como lepra.
                                      Sobre la piel
enhebro surcos y cavernas
como tumbas neolíticas que murieran
y en el antropomórfico destino que me espera
veo
suprimida
la hiedra que te dejé tejida en el sudor y las lágrimas.
Cuando te asomes al borde de mi cuerpo
no esperes belleza
quedarán sólo los huesos y el pergamino de la piel
secado por la espera
 


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                                      Si fuera labio

       Millones de años nos separan
a mí y a los plegamientos de granito que más amo.
Y, sin embargo,
descalza y sin fronteras en el cuerpo
siento latir su corazón dentro del mío
porque yo, soy la mica, la arenisca
y me derrito cada día como ellos
con la caricia constante de ese viento y ese agua
que la clepsidra del tiempo
nos depara.
 
         Si fuera labio
en rojo para tí escribiría
y en el pliego de tu boca
Sherezade, la pluma de la mía
con tu aliento en pergamino
vasija, árbol, tierra, orografía
fundida en una macla
surgida del magma subterráneo.
 
        Si fuera olvido
un roto en el bolsillo de tu ausencia
mi presencia, un fragmento
cualquier ánfora anónima quebrada
en el umbral del naufragio, la inicial.
                                        Mi nombre fuera,
oxidado como espada de La Tène
que se pudriera
yaciendo en la esmeralda aguamarina de tus ojos
y la profunda mordedura
de un estrato.
 
         Si espuma fuera
en el acantilado de tu roca
la lengua de mi cuerpo fundiría, deshilachándose
el pensamiento poco a poco
en la erosión constante de los siglos.
                            Tú, en mí, disuelto,
porque al final, roca y agua son lo mismo
principio y fin de un mismo término.
 
       Mi letra hoy, beso sería, y
como vuelo de halcón
efímera la sombra en yacimiento
de par en par al cielo
el surco del viento sentirías.
 
                             Rota la piel, roto tú,
deshecho el labio, la boca, el rojo,
todo cuanto soy,
más pequeña que las piedras del camino,
los cantos rodados y la arena . . .
 
Cuando en sílice tu cuerpo se embadurne
seré yo, fragmentos de olvido en unos versos
y el color del otoño entre las hayas.
 


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                                AÑORANZA EN PRIMAVERA

 Han roto su clausura los almendros
rociando de semen
el híbrido lenguaje de mi encierro. La caligrafía
de sus notas diminutas
puebla mi ara de recuerdos renaciéndoseme
las pautas de la hipérbole descrita
por los días esperando, porque los minutos palidecen
con el rostro enmohecido
encamados en andamios de polvo ceniciento, porque
las noches son las noches y aunque el invierno acaba
con el quebrarse el cerco la crisálida presa
de las yemas verdeciendo, al despuntarse los arces
rocíase de lánguidas plegarias el estanque clandestino
adscrito a la cartera que a mi lado permanece.

                                     Acompasando
el ritmo, los dragones despiertos del infierno
pueblan el hangar que mi cuerpo deletrea
solitariamente fuera, al norte de la urbe, donde
las hileras de tus pasos siempre entretuvieron
el equivalente mental de mi memoria.
                                                        Y en ese abrir
las escotillas y asomar la primavera su cabeza
por los agujeros del tiempo,
el modelo de mi espera se repite
con las señas de identidad
que la amarga cáscara del frío guardaba para mí
cuando la búsqueda de tí me colocaba el alma
en un desasosiego intenso en el que la desesperanza
era cosecha cotidiana
y la tarifa que tu ausencia se cobraba
era un registro de fantasmas y en el que
la cubierta de mi imagen agonizaba, llorando.
 


                                                                                        Arriba

                                          Rojo tierra

¿Qué sería un labio
sin un beso?
¿Qué sería
un cuerpo sin abrazos?
 
                                Rojo tierra
y lengua abiertos,
                        lenguaje
que sin palabras, alimenta.
 
         Al fondo,
la grieta claroscuro
en contraluz desaparece;
una caricia, un dedo
atrevido que desciende. . .
 


                                                                                        Arriba

                                 En el interior

 En el interior de lo profundo
del más profundo centro,
custodiada por los guardianes del tiempo,
siempre la existencia de lo que realmente fue,
por más que fugitivos los antiguos vergeles
desvanecerse quieran o
depredadores amanezcan
con intentos de exterminio, siempre
los cimientos construidos
serán para la historia lo que fueron.  Y
las reliquias de las joyas que otrora relucieron
no por más arcaicas y confusas
que con su pátina nos lleguen,
serán menos hermosas ahora
que cuando con pasión hilaban los brocados.
 


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